Dra. Yelenna Ramírez


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Ayudando a lograr un buen dormir

Dormir bien es importante para el crecimiento físico y el  desarrollo neurológico y emocional del niño. Por el contrario, el descanso inadecuado puede tener repercusiones sobre su desarrollo físico, emocional, cognitivo y social. 

Lograr que los niños se duerman y permanezcan dormidos en sus camas es, muchas veces, una tarea difícil para los padres. Se debe  promover, desde muy pequeños, una rutina del sueño que el niño reconozca y cumpla. 

Esta rutina  tiene que estar adaptada al ritmo y las costumbres familiares.  La pareja debe acordar las conductas a seguir, ofreciendo al niño un mismo mensaje,  afectuoso,  estable  y coherente.  

CONSEJOS PARA GENERAR EL RITUAL

La preparación del niño para dormir debe ser corta y sencilla, tratando de respetar la misma hora y seguir los mismos pasos. 

La rutina puede comenzar en otro lugar, pero siempre debe finalizar en la habitación donde está la cama. 

Se puede aplicar algún juego tranquilo y breve,  seguido luego de los hábitos de higiene: lavado de manos, cara y dientes, o un baño corto. 

Usar ropa de dormir importa, no solo por la comodidad e higiene, sino también para reconocer que “se acerca el momento”. 

Al llevarlo a dormir, saludar a los otros integrantes del hogar, así como a mascotas y sus juguetes con un “hasta mañana”. 

Se puede promover que el niño elija un juguete u objeto que le dé tranquilidad y seguridad para llevar a la cama. 

Una vez acostado en la cama, realizar alguna actividad corta junto al adulto, como leer un libro, ver fotos, contar historias agradables o cantarle canciones. 

Finalmente, despedirse dando “las buenas noches”.

Si durante la noche el niño se pasa para la cama de sus padres es necesario devolverlo a la suya, acompañarlo unos minutos y explicarles por qué deben dormir en su propia cama.  

RECOMENDACIONES PARA LOS PADRES

Los niños deben dormir, hasta los seis meses de vida, en el mismo cuarto que los padres pero en una cama diferente. 

Después de esa edad, y si hay posibilidades, se recomienda que duerma en otra habitación. Esto genera hábitos de independencia, favorece la privacidad de la pareja y evita dificultades posteriores. 

Se debe preparar el ambiente a la hora de dormir,  oscureciendo la habitación y disminuyendo los ruidos. 

La cama debe ser acogedora, las mantas no muy pesadas y las sábanas no deben estar demasiado ajustadas. Es importante evitar el sobreabrigo.  

La cama debe destinarse solo para dormir; no para jugar, leer, comer o ver televisión. Tampoco se debe utilizar el dormitorio o la cama como lugar de castigo. Antes de dormir se deben evitar la televisión y juegos que lo exciten. 

No acostumbrarlo a dormir tomando el pecho o el biberón. 

ERORES FRECUENTES QUE SE DEBEN EVITAR

Cargar de actividades a los niños para que se cansen y duerman bien. Por el contrario a lo que se piensa, esto termina generando sobreexcitación. 

Acostarlos tarde. 

Uso excesivo de estímulos a la hora de acostarlos, como televisión, tablets o celulares. 

Cambiar los lugares de dormir del niño. No es correcto dormirlos en la cama de sus padres,  hermanos, o en  sillones y luego pasarlos a su cama.

CANTIDAD DE HORAS DE SUEÑO NECESARIAS, SEGÚN LAS EDADES

Las horas de sueño necesarias cambian según las edades. 

Por ejemplo, los lactantes pequeños requieren entre 12 y 14 horas diarias de sueño (incluidas siestas).  Las siestas van disminuyendo hasta que desaparecen alrededor de los 3 a 4 años.

Los escolares necesitan dormir entre 8 y 10 horas diarias. 

Este punto también va a depender de las características de cada niño, ya que algunos suelen ser “más dormilones” y, por tanto, requerir más horas de sueño.
Cada niño y su familia son únicos, por tanto estas recomendaciones se adaptarán a cada situación y realidad familiar, basándose en el disfrute, la calidez, el respeto y el amor.